Un nuevo blog es, en parte, como una hoja en blanco.
¿Qué escribir? ¿Cómo? ¿Para quién? ¿Por dónde empezar?. La hoja en blanco nos remite a una serie de preguntas sobre nosotros mismos y nos introduce en una muy particular situación de introspección. También plantea una serie de expectativas respecto de lo que podrá resultar de lo que escribamos.
El primer artículo (post) en un blog, supone también una hoja en blanco. Algo así como la primer hoja de un cuaderno en la que podemos (o no), definir y adelantar lo que encontraremos en las hojas siguientes. Sabemos que no necesitamos decir todo de entrada y que tendremos oportunidad de reescribir las veces que sea necesario antes de dar por terminado el trabajo. Sin embargo, por algún lado hay que empezar, algo hay que escribir para poder reescribir y, por algún momento, esa incertidumbre nos mantiene paralizados.
No me quiero extender demasiado en los sentidos de la “hoja en blanco” y cómo un nuevo blog puede plantear los mismos problemas. Deseo, en cambio, enfatizar lo que por obvio puede pasar desapercibido. Como decía en la frase inicial, un nuevo blog es en parte como una hoja en blanco. A riesgo de pasar por tonto, señalaré que un blog no es una lámina de papel sobre la cual se pueda escribir usando algún tipo de herramienta que, a través de un pigmento, permita dibujar signos. Esta obviedad supone consecuencias un tanto menos obvias, a saber, que la práctica de la escritura al pasar del papel al blog, atraviesa una serie de transformaciones cuyas repercuciones apenas comenzamos a ver.
En primer lugar, el paso del papel a la computadora, supone una serie de novedades que afectan al acto mismo de escribir. La proliferación de procesadores de textos permitieron una mayor flexibilidad aspectos relacionados con la edición (modificar, borrar, cortar, copiar, pegar, dar formato). Por otro lado, las condiciones necesarias para la escritura difieren entre el papel y la computadora: hace unos años el papel era indiscutiblemente más portatil que una computadora y permitía escribir en cualquier lado (un escritorio, un bar o un colectivo, sentado, parado o acostado). Hoy se pueden plantear ciertas críticas por la mayor cantidad de computadoras portátiles y smartphones, pero es claro que las condiciones de acceso a un papel y a una computadora son completamente diferentes y que aún hay ámbitos donde es mucho más cómodo escribir sobre papel que en una computadora. Sea como fuere, lo que me interesa no es llegar a preguntas impresionistas del tipo “¿se va a dejar de usar papel para escribir?”, sino marcar las diferencias en la práctica de la escritura que suponen pasar del papel al bit.
Otro aspecto a tener en cuenta en el paso del papel al blog, es el que tiene que ver con las posibilidades de enriquecimiento del texto. Más allá de la posibilidad de especificar un formato gráfico a lo que escribimos que, con mayor dificultad, también podemos hacer sobre el papel, el soporte informático nos permite agregar imágenes, videos, sonidos. Sin meternos en otra tarea incluso más compleja como puede ser la lectura, la noción de hipervínculo nos remite de una forma mucho más autoevidente que un libro al asunto de la hipertextualidad. El hecho de poder incorporar en nuestro texto referencias rápidamente comprobables por el lector, tiene un efecto, me atrevería a decir, subversivo de nuestra forma de leer y escribir.
Por último, llegando a nuestro objetivo final, el paso del papel al blog, supone el ingreso a Internet. Con la Red de Redes, lo que uno escribe en una computadora puede estar disponible para millones de personas en todo el mundo en instantes. Sin embargo, no debemos adelantarnos a sacar conclusiones: esa disponibilidad no es más que potencia. El proceso por el cual lo que uno escribe llega a ser visto por una, diez, cien o un millón de personas es bastante complejo y digno en sí mismo de análisis, pues no todas las cosas en la red tienen la misma visibilidad. Pero no quiero detenerme en este aspecto hoy.
Dijimos el paso del papel al blog, no a la computadora o a Internet. El blog (el blog moderno, pues los orígenes del formato pueden rastrearse hasta 1994) es una criatura de lo que se ha denominado Web 2.0, es decir, un fenómeno asociado a Internet que define una serie de pautas novedosas respecto de cómo debe ser “la vida” en la Red. Entre las pautas se encuentran, desde la aplicación de tecnologías específicas (AJAX, Microformatos, Web Services, Web Semántica, JSON, etc.), hasta tipos de sitios webs y aplicaciones (Blogs, Wikis, Mashups, Redes Sociales, etc.), pasando por conceptos más generales como la interoperabilidad, el diseño centrado en el usuario y la colaboración. Todo esto se combina en una dinámica vertiginosa, paroxismo de la experiencia de la modernidad, que por momentos se confunde con un culto a la inmediatez. Esto nos lleva a replantearnos la frase inicial. ¿Hasta qué punto podemos pensar que un blog es una hoja en blanco si, no sólo no es una hoja, sino que el momento de introspección característico que la hoja nos ofrece, es desechado en favor del valor de la inmediatez?. El tema se vuelve más interesante cuando nos desplazamos de la tarea de escribir un artículo en un blog, que de todas formas supone un cierto tiempo para sentarse a pensar y escribir, a los comentarios a una imágen, un video o un artículo en un blog o una red social. La opinión y la crítica, que la Ilustración ubicó en el centro de la práctica social, discursiva y política de los hombres privados en el Estado burgués de derecho (por retomar el tema que tanto le gusta a Jürgen Habermas), se vuelve un hecho asombrosamente cotidiano. Nuestro juicio es convocado a cada instante en una red social para comentar los aportes de otros, con una impunidad hija de la masividad y la inmediatez.
De modo que un nuevo blog es algo más que una hoja en blanco. En este caso, es un espacio en el que trataré de volcar algunas reflexiones en torno de los problemas que adelanté en este artículo y algunos otros. Principalmente en relación con Internet y las diversas prácticas asociadas a él, desde la perspectiva crítica de un estudiante de historia que pasa mucho tiempo conectado a Internet y que trabaja en el medio.
Un desafío adicional de un blog es no abandonarlo luego de los primeros dos o tres posts. Aquí, si logro superar ese problema, me gustaría discutir varios temas que tengo en la cabeza, relacionados con Internet: las prácticas de lectura y escritura, el lenguaje, la historia, la participación política, la identidad, las ciencias sociales y las humanidades, las licencias copyleft, etc. También me gustaría contar con la participación de otra gente interesada en estas temáticas, ya sea comentando lo que yo escribo o, mejor aún, escribiendo otros artículos. Queda abierta la invitación.