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El blog y la virtud de que cualquier pelotudo tenga uno

May 16th, 2010
J. L. Borges

J. L. Borges

En Pierre Menard, autor del Quijote, J. L. Borges dice una frase que desde que la leí por primera vez me gustó mucho: “No hay ejercicio intelectual que no sea finalmente inútil”. Como explica en seguida, se refiere a que “una doctrina filosófica es al principio una descripción verosímil del universo; giran los años y es un mero capítulo -cuando no un párrafo o un nombre- de la historia de la filosofía”.

Este pesimismo sobre la actividad intelectual, equiparable en algún punto al de los fieles reformados con respecto a su rol en su propia salvación, resulta sumamente liberador. El reconocimiento de que nuestra intervención intelectual, nuestra obra, no va a ganarnos el cielo, puede liberarnos de la angustia de pensar que en el último tribunal deberemos dar cuenta de cada uno de nuestros actos.

Quienes tenemos alguna relación con el mundo académico y aspiramos a vivir de nuestro trabajo intelectual, tenemos la tendencia a sobredimensionar el peso de nuestras intervenciones textuales. Quizás por la conciencia de que nuestros textos (y su aceptación en la comunidad académica) serán nuestro medio de vida, pensamos demasiado antes de escribir algo y hacerlo público.

A veces es dificil luchar contra esa percepción fatalista, y así como el fiel que no puede librarse de la angustia recurre a su credo, nosotros quizás deberíamos recordar a Borges.

Un blog ofrece un buen espacio para escribir sin pensar demasiado en las formas ni en consecuencias. Es un buen ejercicio. Escribir por escribir, sin temor a equivocaciones, sin preocuparse de más por buscar referencias, etc. La hoja en blanco nos ofrece ese espacio para depositar nuestras ideas, armarlas, desarmarlas, reordenarlas. Particularmente, el blog además guarda una cierta conexión ontológica con el género epistolar y el diario íntimo, y comparte con ellos su función en el robustecimiento de la subjetividad individual, la introspección y el autoconocimiento. El blog entonces puede ser nuestro campo de entrenamiento. Un lugar donde pensar, escribir, borrar, opinar y discutir, sin miedo ni angustias.

Una de esas personas cuyos pensamientos son más públicos que profundos, José Pablo Feinman, hace algún tiempo dijo “en Argentina no hay pelotudo que no tenga un blog”. Afortunadamente es así (aunque, lamentablemente, quedan muchos que no tienen acceso a ello). Por suerte, también, no todos lo usamos de la misma forma. Pero incluso si nada de valor se escribiera en un blog, ¡qué bueno que podamos escribir nuestras boludeces sin que pelotudos como Feinman lo puedan evitar!

Empezar un nuevo blog

April 12th, 2010

Un nuevo blog es, en parte, como una hoja en blanco.

¿Qué escribir? ¿Cómo? ¿Para quién? ¿Por dónde empezar?. La hoja en blanco nos remite a una serie de preguntas sobre nosotros mismos y nos introduce en una muy particular situación de introspección. También plantea una serie de expectativas respecto de lo que podrá resultar de lo que escribamos.

El primer artículo (post) en un blog, supone también una hoja en blanco. Algo así como la primer hoja de un cuaderno en la que podemos (o no), definir y adelantar lo que encontraremos en las hojas siguientes. Sabemos que no necesitamos decir todo de entrada y que tendremos oportunidad de reescribir las veces que sea necesario antes de dar por terminado el trabajo. Sin embargo, por algún lado hay que empezar, algo hay que escribir para poder reescribir y, por algún momento, esa incertidumbre nos mantiene paralizados.

No me quiero extender demasiado en los sentidos de la “hoja en blanco” y cómo un nuevo blog puede plantear los mismos problemas. Deseo, en cambio, enfatizar lo que por obvio puede pasar desapercibido. Como decía en la frase inicial, un nuevo blog es en parte como una hoja en blanco. A riesgo de pasar por tonto, señalaré que un blog no es una lámina de papel sobre la cual se pueda escribir usando algún tipo de herramienta que, a través de un pigmento, permita dibujar signos. Esta obviedad supone consecuencias un tanto menos obvias, a saber, que la práctica de la escritura al pasar del papel al blog, atraviesa una serie de transformaciones cuyas repercuciones apenas comenzamos a ver.

En primer lugar, el paso del papel a la computadora, supone una serie de novedades que afectan al acto mismo de escribir. La proliferación de procesadores de textos permitieron una mayor flexibilidad aspectos relacionados con la edición (modificar, borrar, cortar, copiar, pegar, dar formato). Por otro lado, las condiciones necesarias para la escritura difieren entre el papel y la computadora: hace unos años el papel era indiscutiblemente más portatil que una computadora y permitía escribir en cualquier lado (un escritorio, un bar o un colectivo, sentado, parado o acostado). Hoy se pueden plantear ciertas críticas por la mayor cantidad de computadoras portátiles y smartphones, pero es claro que las condiciones de acceso a un papel y a una computadora son completamente diferentes y que aún hay ámbitos donde es mucho más cómodo escribir sobre papel que en una computadora. Sea como fuere, lo que me interesa no es llegar a preguntas impresionistas del tipo “¿se va a dejar de usar papel para escribir?”, sino marcar las diferencias en la práctica de la escritura que suponen pasar del papel al bit.

Otro aspecto a tener en cuenta en el paso del papel al blog, es el que tiene que ver con las posibilidades de enriquecimiento del texto. Más allá de la posibilidad de especificar un formato gráfico a lo que escribimos que, con mayor dificultad, también podemos hacer sobre el papel, el soporte informático nos permite agregar imágenes, videos, sonidos. Sin meternos en otra tarea incluso más compleja como puede ser la lectura, la noción de hipervínculo nos remite de una forma mucho más autoevidente que un libro al asunto de la hipertextualidad. El hecho de poder incorporar en nuestro texto referencias rápidamente comprobables por el lector, tiene un efecto, me atrevería a decir, subversivo de nuestra forma de leer y escribir.

Por último, llegando a nuestro objetivo final, el paso del papel al blog, supone el ingreso a Internet. Con la Red de Redes, lo que uno escribe en una computadora puede estar disponible para millones de personas en todo el mundo en instantes. Sin embargo, no debemos adelantarnos a sacar conclusiones: esa disponibilidad no es más que potencia. El proceso por el cual lo que uno escribe llega a ser visto por una, diez, cien o un millón de personas es bastante complejo y digno en sí mismo de análisis, pues no todas las cosas en la red tienen la misma visibilidad. Pero no quiero detenerme en este aspecto hoy.

Dijimos el paso del papel al blog, no a la computadora o a Internet. El blog (el blog moderno, pues los orígenes del formato pueden rastrearse hasta 1994) es una criatura de lo que se ha denominado Web 2.0, es decir, un fenómeno asociado a Internet que define una serie de pautas novedosas respecto de cómo debe ser “la vida” en la Red. Entre las pautas se encuentran, desde la aplicación de tecnologías específicas (AJAX, Microformatos, Web Services, Web Semántica, JSON, etc.), hasta tipos de sitios webs y aplicaciones (Blogs, Wikis, Mashups, Redes Sociales, etc.), pasando por conceptos más generales como la interoperabilidad, el diseño centrado en el usuario y la colaboración. Todo esto se combina en una dinámica vertiginosa, paroxismo de la experiencia de la modernidad, que por momentos se confunde con un culto a la inmediatez. Esto nos lleva a replantearnos la frase inicial. ¿Hasta qué punto podemos pensar que un blog es una hoja en blanco si, no sólo no es una hoja, sino que el momento de introspección característico que la hoja nos ofrece, es desechado en favor del valor de la inmediatez?. El tema se vuelve más interesante cuando nos desplazamos de la tarea de escribir un artículo en un blog, que de todas formas supone un cierto tiempo para sentarse a pensar y escribir, a los comentarios a una imágen, un video o un artículo en un blog o una red social. La opinión y la crítica, que la Ilustración ubicó en el centro de la práctica social, discursiva y política de los hombres privados en el Estado burgués de derecho (por retomar el tema que tanto le gusta a Jürgen Habermas), se vuelve un hecho asombrosamente cotidiano. Nuestro juicio es convocado a cada instante en una red social para comentar los aportes de otros, con una impunidad hija de la masividad y la inmediatez.

De modo que un nuevo blog es algo más que una hoja en blanco. En este caso, es un espacio en el que trataré de volcar algunas reflexiones en torno de los problemas que adelanté en este artículo y algunos otros. Principalmente en relación con Internet y las diversas prácticas asociadas a él, desde la perspectiva crítica de un estudiante de historia que pasa mucho tiempo conectado a Internet y que trabaja en el medio.

Un desafío adicional de un blog es no abandonarlo luego de los primeros dos o tres posts. Aquí, si logro superar ese problema, me gustaría discutir varios temas que tengo en la cabeza, relacionados con Internet: las prácticas de lectura y escritura, el lenguaje, la historia, la participación política, la identidad, las ciencias sociales y las humanidades, las licencias copyleft, etc. También me gustaría contar con la participación de otra gente interesada en estas temáticas, ya sea comentando lo que yo escribo o, mejor aún, escribiendo otros artículos. Queda abierta la invitación.